Thursday, March 19, 2026

El legado de Gabriel Boric entre la autopercepción y la realidad evaluativa La publicación del texto "1000 Avances" por parte del expresidente Gabriel Boric, en enero de 2026, abre un necesario debate sobre cómo se construye y se percibe el legado de un gobierno. Mientras Boric presenta un balance positivo de su administración (2022-2025), voces provenientes de centros de estudio y del espectro político matizan, contradicen y profundizan dicha narrativa. A partir del análisis del artículo "El legado de Boric" y las evaluaciones del Centro de Estudios Horizontales, este ensayo examina los contrastes entre la autoevaluación oficial y los indicadores objetivos en áreas clave como economía, regulación y políticas sociales, sugiriendo que el legado del gobierno es, cuando menos, un territorio en disputa. El espejismo económico: crecimiento e inflación en tela de juicio Uno de los puntos centrales de la autoevaluación de Boric es la reducción de la inflación, un logro que presenta como propio. Sin embargo, el artículo de Klaus Schmidt-Hebbel desmonta rápidamente esta afirmación al señalar que dicho mérito corresponde íntegramente al Banco Central y su política monetaria restrictiva, la cual tuvo que compensar los incumplimientos de metas fiscales del equipo económico. Este es un ejemplo paradigmático de cómo un gobierno puede intentar capitalizar éxitos que, en realidad, son resultado de la autonomía de otras instituciones. En términos de crecimiento, el panorama es aún más desafiante. Boric gobernó en un contexto internacional excepcionalmente favorable —sin crisis globales, con acceso a financiamiento y altos términos de intercambio—, condiciones que cualquier economista calificaría como ideales para impulsar la economía. Paradójicamente, el Producto Interno Bruto (PIB) creció solo un 1,9% bajo su mandato, una cifra inferior al 2,4% registrado durante el gobierno de Sebastián Piñera (2018-2021), quien sí enfrentó una pandemia y crisis internacionales. Este estancamiento, en lugar del "despegue" esperado, se convierte en uno de los puntos más débiles del legado económico de Boric. El mercado laboral y la carga regulatoria: costos de las reformas El gobierno de Boric se caracterizó por un ambicioso programa de reformas laborales y sociales, como el aumento del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral a 40 horas y el refuerzo de la previsión social. Si bien estas medidas apuntan a mejorar la calidad de vida de los trabajadores, el artículo evidencia sus efectos colaterales: un aumento en los costos laborales que, en un contexto de bajo crecimiento, derivó en un incremento de la informalidad y un desempleo promedio del 8,4%, casi igualando al 8,5% del periodo de Piñera, que incluyó los peores momentos de la pandemia. Este dato sugiere que, a pesar de las buenas intenciones, el mercado laboral no logró absorber la fuerza de trabajo de manera formal. A esto se suma una crítica profunda en materia de permisología y regulación. El artículo denuncia que, pese a una "reforma parcial", Chile alcanzó en 2023 la mayor carga regulatoria entre los 38 miembros de la OCDE. Este "exceso de permisología" se convierte en un lastre para la inversión y la productividad, contradiciendo el discurso de modernización del Estado y actuando como un desincentivo estructural para el crecimiento económico que el país tanto necesitaba. El frente social y la incoherencia política En el ámbito social, el artículo reconoce los esfuerzos del gobierno en materia de inclusión, igualdad de género y protección de derechos humanos, así como el impulso a la transición climática. No obstante, la repetición casi mecánica de estos logros en el texto original —posiblemente un error de edición— termina por restarles fuerza comunicativa, presentándolos casi como una fórmula vacía o un slogan más que como una política pública con resultados medibles. Más reveladora es la crítica de la senadora Paulina Vodonovic, presidenta del Partido Socialista. Su declaración introduce una fractura interna importante: la molestia por conocer las medidas a través de la prensa y la falta de diálogo previo. Esto no solo refleja una debilidad en la coalición gobernante, sino que también pone en duda la narrativa de un gobierno cohesionado y dialogante. Además, su mención a la "improvisación" en materia tributaria —sobre impuestos a grandes empresas y herencias— refuerza la percepción de que, en varios frentes, el gobierno actuó más por anuncios que por una estrategia consensuada y técnicamente sólida. Conclusión: Un legado de luces y sombras profundas El legado del gobierno de Gabriel Boric, visto a través del prisma de este análisis, se presenta como un mosaico de intenciones progresistas y resultados económicos decepcionantes. Mientras que en el plano valórico y de derechos se avanzó en la dirección prometida, en el corazón de la gestión —la economía y la creación de empleo— los números no acompañan el relato oficial. La tentación de atribuirse logros institucionales ajenos, como el control de la inflación, y la incapacidad de capitalizar un contexto internacional favorable para crecer, terminan por empañar los avances sociales. En definitiva, el legado de Boric no es el que él escribe en sus "1000 Avances", sino el que resulta de la tensión entre sus ambiciosas reformas y la dura realidad de una economía estancada y una institucionalidad tensionada. La historia, más temprano que tarde, suele inclinarse por la evidencia más que por la autopercepción.

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